Saltar al contenido

Orar

Miércoles, 2 de junio de 2027

Santos Marcelino y Pedro, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

Las lecturas del día

Primera lectura

Las plegarias de Tobit y de Sara fueron acogidas favorablemente ante la gloria de Dios

Lectura del libro de Tobías Tob 3, 1-11a. 16-17a

Yo, Tobit, con el alma llena de aflicción, suspirando y llorando, comencé a orar y lamentarme, diciendo:

«Tú eres justo, Señor,

y todas tus obras son justas.

Todos tus caminos son fidelidad y verdad,

y eres tú el que juzgas al mundo.

Y ahora, Señor, acuérdate de mí y mírame;

no me castigues por mis pecados y mis errores,

ni por los que mis padres cometieron delante de ti.

Ellos desoyeron tus mandamientos

y tú nos entregaste al saqueo,

al cautiverio y a la muerte,

exponiéndonos a las burlas,

a las habladurías y al escarnio

de las naciones donde nos has dispersado.

Sí, todos tus juicios son verdaderos,

cuando me tratas así por mis pecados,

ya que no hemos cumplido tus mandamientos

ni hemos caminado en la verdad delante de ti.

Trátame ahora como mejor te parezca:

retírame el aliento de vida,

para que yo desaparezca de la tierra

y quede reducido a polvo.

Más me vale morir que vivir,

porque he escuchado reproches injustos

y estoy agobiado por la tristeza.

Líbrame, Señor, de tanta opresión,

déjame partir hacia la morada eterna

y no apartes de mí tu rostro, Señor.

Es preferible para mí la muerte,

antes que ver tanta opresión en mi vida

y seguir escuchando insultos».

Ese mismo día sucedió que Sara, hija de Ragüel, que vivía en Ecbátana, en Media, fue insultada por una de las esclavas de su padre. Porque Sara se había casado siete veces, pero el malvado demonio Asmodeo, había matado a sus maridos, uno después de otro, antes de que tuvieran relaciones con ella. La esclava le dijo: «¡Eres tú la que matas a tus maridos! ¡Te has casado con siete y ni uno solo te ha dado su nombre! Que tus maridos hayan muerto no es razón para que nos castigues. ¡Ve a reunirte con ellos y que jamás veamos ni a un hijo ni a una hija tuyos!»

Aquel día, Sara se entristeció mucho, se puso a llorar y subió a la habitación de su padre, con la intención de ahorcarse. Pero luego pensó: «¿Y si esto da motivo a que insulten a mi padre y le digan: "Tú no tenías más que una hija querida, y ella se ha ahorcado por sus desgracias?" No quiero que por culpa mía mi anciano padre baje a la tumba lleno de tristeza. Mejor será que no me ahorque, sino que pida al Señor que me haga morir. Así no oiré más insultos en mi vida.»

Entonces, extendiendo los brazos hacia la ventana, Sara oró al Señor.

A un mismo tiempo, fueron acogidas favorablemente ante la gloria de Dios las plegarias de Tobit y de Sara, y fue enviado Rafael para curar a los dos: para quitar las manchas blancas de los ojos de Tobit, a fin de que viera con ellos la luz de Dios, y para dar a Sara, hija de Ragüel, como esposa a Tobías, hijo de Tobit, librándola del malvado demonio Asmodeo.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 24, 2-3. 4-5b. 6 y 7b. 8-9 (R.: 1b)

¡A ti, Señor, elevo mi alma!

Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;

¡que no tenga que avergonzarme

ni se rían de mí mis enemigos!

Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse:

se avergonzarán los que traicionan en vano. R.

Muéstrame, Señor, tus caminos,

enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,

porque son eternos.

Por tu bondad, Señor,

acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto:

por eso muestra el camino a los extraviados;

él guía a los humildes para que obren rectamente

y enseña su camino a los pobres. R.

Aleluia

Jn 11, 25a. 26

Aleluia.

«Yo soy la Resurrección y la Vida.

El que vive y cree en mí no morirá jamás», dice el Señor.

Aleluia.

Evangelio

No es un Dios de muertos, sino de vivientes

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos Mc 12, 18-27

Se acercaron a Jesús unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: «Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: "Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda."

Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»

Jesús les dijo: «¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error.»

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Mírame, Señor, y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido; mira mi pena y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

Oración colecta

Dios nuestro, cuya providencia es infalible en sus designios; te suplicamos que apartes de nosotros lo que nos hace daño y nos concedas todo lo que pueda ayudarnos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Señor Dios, confiados en tu misericordia traemos estas ofrendas a tu altar; para que, con tu gracia, quedemos purificados por estos misterios que celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Guía, Señor, por medio de tu Espíritu, a quienes alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, para que, dando testimonio de ti, no sólo de palabras y con la lengua sino con las obras y de verdad, merezcamos entrar en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel