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Orar

Jueves, 3 de junio de 2027

Santos Carlos Luanga y compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Rojo · Año impar (I)

Las lecturas del día

Primera lectura

¡Ten misericordia de ella y de mí, y concédenos llegar juntos a la vejez!

Lectura del libro de Tobías Tob 6, 10-11; 7, 1. 9-16; 8, 4-9a

Cuando entraron en Media y ya se acercaban a Ecbátana, Rafael dijo al joven: «¡Hermano Tobías!» Este le preguntó: «¿Qué quieres?»

El ángel continuó: «Es necesario que pasemos esta noche en casa de Ragüel; él es pariente tuyo y tiene una hija que se llama Sara.»

Cuando llegaron a Ecbátana, Tobías dijo: «Hermano Azarías, llévame directamente a la casa de nuestro hermano Ragüel».

El ángel lo llevó, y encontraron a Ragüel sentado a la puerta del patio. Ellos lo saludaron primero, y él les respondió: «¡Salud, hermanos, sean bienvenidos!» Y los hizo pasar a su casa.

Luego mataron un cordero del rebaño y los recibieron cordialmente. Después de lavarse y bañarse, se pusieron a comer. Entonces Tobías dijo a Rafael: «Hermano Azarías, dile a Ragüel que me dé por esposa a mi hermana Sara.»

Ragüel lo oyó y dijo al joven: «Come y bebe, y disfruta de esta noche, porque nadie tiene más derecho que tú, hermano, a casarse con mi hija Sara. Ni siquiera yo puedo dársela a otro, ya que tú eres mi pariente más cercano. Pero ahora, hijo mío, te voy a hablar con toda franqueza. Ya se la he dado a siete de nuestros hermanos, y todos murieron la primera noche que iban a tener relaciones con ella. Por el momento, hijo mío, come y bebe; el Señor intervendrá en favor de ustedes.»

Pero Tobías le replicó: «No comeré ni beberé hasta que hayas tomado una decisión sobre este asunto.»

Ragüel le respondió: «¡Está bien! Ella te corresponde a ti según lo prescrito en la Ley de Moisés, y el Cielo decreta que te sea dada. Recibe a tu hermana. Desde ahora, tú eres su hermano y ella es tu hermana. A partir de hoy, es tuya para siempre. Que el Señor los asista esta noche, hijo mío, y les conceda su misericordia y su paz.»

Ragüel hizo venir a su hija Sara. Cuando ella llegó, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciendo: «Recíbela conforme a la Ley y a lo que está prescrito en el Libro de Moisés, que mandan dártela por esposa. Tómala y llévala sana y salva a la casa de tu padre. ¡Que el Dios del cielo los conduzca en paz por el buen camino»!

Después llamó a la madre y le pidió que trajera una hoja de papiro. En ella redactó el contrato matrimonial, por el que entregaba a su hija como esposa de Tobías, conforme a lo prescrito en la Ley de Moisés. Después empezaron a comer y a beber.

Ragüel llamó a su esposa Edna y le dijo: «Hermana, prepara la otra habitación, y llévala allí a Sara.» Ella fue a preparar la habitación, como se lo había dicho su esposo, llevó allí a Sara y se puso a llorar. Luego enjugó sus lágrimas y le dijo: «¡Animo, hija mía! ¡Que el Señor del cielo cambie tu pena en alegría!» Y salió.

Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación y cerraron la puerta. Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: «Levántate, hermana, y oremos para pedir al Señor que nos manifieste su misericordia y su salvación.»

Ella se levantó, y los dos se pusieron a orar para alcanzar la salvación. Él comenzó así:

«¡Bendito seas, Dios de nuestros padres,

y bendito sea tu Nombre

por todos los siglos de los siglos!

¡Que te bendigan los cielos

y todas tus criaturas

por todos los siglos!

Tú creaste a Adán

e hiciste a Eva, su mujer,

para que le sirviera de ayuda y de apoyo,

y de ellos dos nació el género humano.

Tú mismo dijiste:

"No conviene que el hombre esté solo.

Hagámosle una ayuda semejante a él".

Yo ahora tomo por esposa a esta hermana mía,

no para satisfacer una pasión desordenada,

sino para constituir un verdadero matrimonio.

¡Ten misericordia de ella y de mí,

y concédenos llegar juntos a la vejez!»

Ambos dijeron: «¡Amén, amén!», y se acostaron para dormir.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 127. 1-2, 3. 4-5 (R.: cf. 1a)

¡Feliz el que teme al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor

y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda

en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo

alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido

el hombre que teme al Señor!

¡Que el Señor te bendiga desde Sión

todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén. R.

Aleluia

Cf. 2Tim 1,10

Aleluia.

Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte,

e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia.

Aleluia.

Evangelio

No hay otro mandamiento más grande que éstos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos Mc 12, 28-34

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

El Señor probó a sus elegidos como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos. (T. P. Aleluya).

Oración colecta

Dios nuestro, que hiciste de la sangre de tus mártires semilla de nuevos cristianos, concédenos bondadosamente que el campo de tu Iglesia, regado por la sangre de san Carlos Lwanga y sus compañeros, te brinde siempre una generosa cosecha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Al presentar nuestros dones, Señor te pedimos que, así como diste a tus mártires la gracia de morir antes que pecar, nos concedas también a nosotros, servirte en tu altar con total entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus santos. (T. P. Aleluia).

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que estos divinos sacramentos, recibidos en la conmemoración de tus santos mártires, como a ellos les dieron el valor para superar los tormentos, a nosotros nos concedan, en medio de las adversidades, la perseverancia en la fe y en la caridad Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel