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Viernes, 17 de septiembre de 2027

Santa Hildegarda de Bingen, abadesa y doctora de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

Las lecturas del día

Primera lectura

Tú, hombre de Dios, practica la justicia

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1Tim 6, 3 -12

Querido hijo:

Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad, es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.

Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés. Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar. Contentémonos con el alimento y el abrigo. Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición. Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.

En lo que a ti concierne, hombre de Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 48, 6-7. 8-10. 17-18. 19-20 (R.: Mt 5, 3)

¡Felices los que tienen alma de pobres!

¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro,

cuando me rodea la maldad de mis opresores,

de esos que confían en sus riquezas

y se jactan de su gran fortuna? R.

No, nadie puede rescatarse a sí mismo

ni pagar a Dios el precio de su liberación.

para poder seguir viviendo eternamente

sin llegar a ver el sepulcro:

el precio de su rescate es demasiado caro,

y todos desaparecerán para siempre. R.

No te preocupes cuando un hombre se enriquece

o aumenta el esplendor de su casa:

cuando muera, no podrá llevarse nada,

su esplendor no bajará con él. R.

Aunque en vida se congratulaba, diciendo:

«Te alabarán porque lo pasas bien»,

igual irá a reunirse con sus antepasados,

con esos que nunca verán la luz. R.

Aleluia

Cf. Mt 11, 25

Aleluia.

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,

porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños.

Aleluia.

Evangelio

Los apóstoles y algunas mujeres acompañaban a Jesús.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas Lc 8, 1-3

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

Oración colecta

Dios nuestro, que para defender la fe de tu Iglesia otorgaste a san Roberto Belarmino sabiduría y entereza admirables, concédenos, por su intercesión, que tu pueblo se alegre de profesar íntegramente esta fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel