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Orar

Domingo, 7 de marzo de 2027

4º domingo de Cuaresma

Cuaresma · Rosado · Ciclo B

Las lecturas del día

Primera lectura

La indignación y la misericordia de Dios se manifiestan en el exilio y en la liberación de su pueblo

Lectura del segundo libro de las Crónicas 2Cr 36, 14-16. 19-23

Todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio.

Los caldeos quemaron la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: «La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años.»

En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 136, 1-6

¡Que no me olvide de ti, ciudad de Dios!

Junto a los ríos de Babilonia,

nos sentábamos a llorar,

acordándonos de Sión.

En los sauces de las orillas

teníamos colgadas nuestras cítaras. R.

Allí nuestros carceleros

nos pedían cantos,

y nuestros opresores, alegría:

«¡Canten para nosotros un canto de Sión!» R.

¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor

en tierra extranjera?

Si me olvidara de ti, Jerusalén,

que se paralice mi mano derecha. R.

Que la lengua se me pegue al paladar

si no me acordara de ti,

si no pusiera a Jerusalén

por encima de todas mis alegrías. R.

Segunda lectura

Muertos a causa de nuestros pecados, habéis sido salvados por su gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso Ef 2, 4-10

Hermanos:

Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo.

Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús.

Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.

Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio

Jn 3, 16

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único;

para que todo el que crea en él tenga Vida eterna.

Evangelio

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan Jn 3, 14-21

Dijo Jesús:

«De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.»

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Alégrate, Jerusalén, y que se congreguen cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad.

Oración colecta

Dios nuestro, que reconcilias maravillosamente al género humano por tu Palabra hecha carne; te pedimos que el pueblo cristiano se disponga a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y una entrega generosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Te presentamos con alegría, Señor, estos dones para la salvación eterna; ayúdanos a celebrarlos con fidelidad y a ofrecerlos dignamente por la redención del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

El Señor hizo barro y lo puso sobre mis ojos; entonces fui, me lavé y vi, y creí en Dios.

Oración después de la comunión

Padre, que iluminas a todo hombre que viene a este mundo, por eso te pedimos que alumbres nuestros corazones con el esplendor de tu gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo

Protege, Señor, a quienes te suplican, sostén a los débiles y vivifica siempre con tu luz a quienes caminan en las sombras de la muerte; con tu clemencia, apártalos de todo mal y hazlos llegar a la plenitud de tus bienes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio: PREFACIO:. Misal

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel