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Viernes, 24 de septiembre de 2027

Nuestra Señora de la Merced

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

Las lecturas del día

Primera lectura

Dentro de poco tiempo, llenaré de gloria esta casa

Lectura de la profecía de Ageo Ag 1, 15b-2, 9

El segundo año del rey Darío, el día veintiuno del séptimo mes, la palabra del Señor llegó, por medio del profeta Ageo, en estos términos:

«Di a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote, y al resto del pueblo: ¿Queda alguien entre ustedes que haya visto esta Casa en su antiguo esplendor? ¿Y qué es lo que ven ahora? ¿No es como nada ante sus ojos? ¡Animo, Zorobabel! -oráculo del Señor-. ¡Animo, Josué, hijo de Iehosadac, Sumo Sacerdote! ¡Animo, todo el pueblo del país! -oráculo del Señor- . ¡Manos a la obra! Porque yo estoy con ustedes -oráculo del Señor de los ejércitos según el compromiso que contraje con ustedes cuando salieron de Egipto, y mi espíritu permanece en medio de ustedes. ¡No teman!

Porque así habla el Señor de los ejércitos: Dentro de poco tiempo, yo haré estremecer el cielo y la tierra, el mar y el suelo firme. Haré estremecer a todas las naciones: entonces afluirán los tesoros de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa dice el Señor de los ejércitos.

¡Son míos el oro y la plata! -oráculo del Señor de los ejércitos-. La gloria última de esta Casa será más grande que la primera, dice el Señor de los ejércitos, y en este lugar Yo daré la paz».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 42, 1. 2. 3. 4 (R.: cf. 5bc)

¡Espero en el Señor y le daré gracias!

Júzgame, Señor,

y defiende mi causa

contra la gente sin piedad;

líbrame del hombre falso y perverso. R.

Si tú eres mi Dios y mi fortaleza,

¿por qué me rechazas?

¿Por qué tendré que estar triste,

oprimido por mi enemigo? R.

Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío. R.

Aleluia

Mc 10, 45

Aleluia.

El Hijo del hombre vino para servir

y dar su vida en rescate por una multitud.

Aleluia.

Evangelio

Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre debe sufrir mucho

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas Lc 9, 18-22

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.»

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios.»

Y Él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Yo soy el Salvador de mi pueblo, dice el Señor. Lo escucharé cuando me invoque en su angustia y seré su Señor para siempre.

Oración colecta

Padre misericordioso, que otorgaste la redención a los hombres por medio de tu Hijo, concede, a cuantos invocamos a su Madre con el título de la Merced, mantenernos en la verdadera libertad de hijos, que Jesucristo nos mereció con su sacrificio, y ofrecerla incansablemente a todos los hombres. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo, que celebra la obra de la inmensa caridad de tu Hijo, y confírmanos en el amor a ti y al prójimo con el ejemplo de la gloriosa Virgen María. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

Tú promulgaste tus mandamientos, para que se cumplieran íntegramente. Ojalá mis pasos se mantengan firmes en la observancia de tus preceptos.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, por intercesión de la Virgen María de la Merced que, habiendo recibido el sacramento de la redención y de la vida, nos concedas cooperar más intensamente al misterio de la salvación de los hombres y alcanzar la gloria de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel