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Orar

Viernes, 2 de julio de 2027

Viernes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

Las lecturas del día

Primera lectura

Isaac amó a Rebeca y encontró un consuelo después de la muerte de su madre

Lectura del libro del Génesis Gn 23, 1-4. 19; 24, 1-12. 15-16. 23-25. 32-34. 37-38. 57-59. 61-67

Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Quiriat Arbá -actualmente Hebrón- en la tierra de Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su muerte.

Después se retiró del lugar donde estaba el cadáver, y dijo a los descendientes de Het: «Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle sepultura».

Luego Abraham enterró a Sara en la caverna del campo de Macpelá, frente a Mamré, en el país de Canaán.

Abraham ya era un anciano de edad avanzada, y el Señor lo había bendecido en todo. Entonces dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le administraba todos los bienes: «Coloca tu mano debajo de mi muslo, y júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no buscarás una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, con los que estoy viviendo, sino que irás a mi país natal, y de allí traerás una esposa para Isaac.»

El servidor le dijo: «Si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo hacer que tu hijo regrese al país de donde saliste?»

«Cuídate muy bien de llevar allí a mi hijo», replicó Abraham. «El Señor, Dios del cielo, que me sacó de mi casa paterna y de mi país natal, y me prometió solemnemente dar esta tierra a mis descendientes, enviará su Ángel delante de ti, a fin de que puedas traer de allí una esposa para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre del juramento que me haces; pero no lleves allí a mi hijo».

El Señor puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le prestó juramento respecto de lo que habían hablado. Luego tomó diez de los camellos de su señor, y tomando consigo toda clase de regalos, partió hacia Arám Naharaím, hacia la ciudad de Najor. Allí hizo arrodillar a los camellos junto a la fuente, en las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que las mujeres salen a buscar agua. Entonces dijo:«Señor, Dios de Abraham, dame hoy una señal favorable, y muéstrate bondadoso con mi patrón Abraham».

Aún no había terminado de hablar, cuando Rebeca, la hija de Betuel, apareció con su cantero en el hombro. Era una joven virgen, de aspecto muy hermoso. El hombre le preguntó: «¿De quién eres hija? ¿y hay lugar en la casa de tu padre para que podamos pasar la noche?» Ella respondió: « Soy la hija de Betuel, el hijo de Milcá dió a Najor». Y añadió: «En nuestra casa hay paja y abundancia, y también hay un sitio para pasar la noche».

El hombre entró en la casa. Pero cuando le sirvieron de comer dijo: «No voy a comer si antes no expongo el asunto que traigo entre manos. Soy servidor de Abraham. Mi patrón me hizo prestar un juramento diciendo: "No busques una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos en cuyo país resido. Ve, en cambio a mi casa paterna, y busca entre mis familiares una esposa para mi hijo"».

Ellos dijeron:« Llamemos a la muchacha, y preguntémosle qué opina».

Entonces llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Quieres irte con este hombre?». «Sí», respondió ella. Ellos despidieron a Rebeca y a su nodriza, lo mismo que al servidor y a sus acompañantes. Rebeca y sus sirvientes montaron en los camellos y siguieron al hombre. Éste, tomó consigo a rebeca, y partió.

Entretanto, Isaac había vuelto de las cercanías del pozo de Lajai Roí, porque estaba radicado en la región del Négueb. Al atardecer salió a caminar por el campo, y vio venir unos camellos. Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello y preguntó al servidor: «¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por el campo?»

«Es mi señor», respondió el servidor. Entonces ella tomó su velo y se cubrió.

El servidor contó a Isaac todas las cosas que había hecho, y este hizo entrar a Rebeca en su carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo después de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 105, 1-2. 3-4a. 4b-5 (R.: 1a)

¡Den gracias al Señor, porque es bueno!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

¿Quién puede hablar de las proezas del Señor

y proclamar todas sus alabanzas? R.

¡Felices los que proceden con rectitud,

los que practican la justicia en todo tiempo!

Acuérdate de mí, Señor,

por el amor que tienes a tu pueblo. R.

Visítame con tu salvación,

para que vea la felicidad de tus elegidos,

para que me alegre con la alegría de tu nación

y me gloríe con el pueblo de tu herencia. R.

Aleluia

Mt 11, 28

Aleluia.

«Vengan a mí

todos los que están afligidos y agobiados,

y Yo los aliviaré». Dice el Señor.

Aleluia.

Evangelio

No son los sanos los que tienen necesidad del médico; prefiero la misericordia al sacrificio

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo Mt 9, 9-13

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Todos los pueblos aplaudan y aclamen al Señor con gritos de alegría.

Oración colecta

Dios nuestro, que por la gracia de la adopción quisiste hacernos hijos de la luz; concédenos que no seamos envueltos en las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Dios de bondad, que das eficacia a tus misterios, concede que nuestro culto resulte digno de estos sagrados dones. Por Jesucristo nuestro Señor.

Antífona de comunión

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre.

Oración después de la comunión

Que la víctima divina que hemos ofrecido y recibido nos llene de vida, Señor, para que unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan eternamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Gabriel